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"A punto de embarque"

30/6/2016

El próximo sábado, 2 de julio, a las 20 horas, estrenaremos en la sala madrileña El Manicomio la pieza de danza-teatro DeCid, dirigida por Fernando LR Parra y con música de Carlos M. Fernández. En ella comparto escenario con Fran Melero, Paca Rodríguez, Paula López, Irene Hernández y el propio Fernando LR ParraDeCid parte del texto anónimo Cantar de mio Cid para llevar a la escena una propuesta dancística que orbita alrededor del concepto resiliencia (RAE: capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o unestado o situación adversos) y a la que acompañan las composiciones musicales originales y las visuales de Carlos M. Fernández. Durante las últimas semanas, la producción ha estado preparando el material para la promoción del estreno, incluyendo varios carteles y un teaser que comparto a continuación con vosotr_s.

 

¡Será un placer recibiros este sábado en El Manicomio! Podéis comprar ya las entradas en este enlace.

 

 

Y apenas unos días del estreno de DeCid... arranca mi inmersión en un "nuevo" proyecto que me llena el cuerpo y los conductos de ganas, nervio y expectativas. Desde el día 5 al 19 de julio seré residente en La Casa del Caracolero, un espacio que el cómico Quique Macías y su pareja han habilitado en el pueblo aragonés Torralba de Ribota, dedicado a acoger a creador_s en pleno proceso productivo. En mi caso, estaré trabajando en un cuerpo de textos que llevo escribiendo desde hace unos meses, que deseo revisar, completar, ensamblar y, en el futuro, publicar, y que he decidido agrupar bajo el título provisional Salita de embarque. Comparto con vosotr_s a continuación un pequeño fragmento de uno de esos textos:

 

“[…] Esta ciudad tiene reductos de paraíso, de lugares para un residencia póstuma. Y cuando me los encuentro, o cuando me encuentro encontrándome en ellos, me sorprendo, porque en esta ciudad también se hospeda lo que les es del todo contrario.

¿Será que no es cosa de la ciudad, sino del tipo de mí con que suelo llegar aquí? ¿Será la organización de mis partes, una organización especial y que se guarda para esta ciudad, la que pone en funcionamiento el sentido mío destinado a identificar escenarios para la eternidad o para un género de calma que por ahora sólo se me oferta en régimen de paquetes vacacionales? Si es así celebraré con esta página -y la celebración ocurrirá en esta página- que mi entidad esté habilitada para una distribución de sus partes como ésta, porque me consigue unas vacaciones tan certeras que mi vinculación a la regla se me nubla hasta para no saber definir con una sola voz estas estancias y estos momentos en estas estancias, y hasta para descomprender emocionalmente la condena a una reorganización final de mis partes.

Si tengo tiempo para escribir, escribo mejor. Si ocupo uno de los escenarios de esta ciudad en los que se me olvida la lección con que me castigaron a aprender el tiempo (en los que, por lo tanto, se me olvida el tiempo), escribo mejor. Si puedo dedicar todo ese tiempo del que ya no me entero, todos los fragmentos de ese tiempo que yo quiera a encontrar la palabra oportuna y la ordenación de palabras oportunas que más me satisfaga, escribo mejor.

Si me dejo empezar a morir ya en estos reductos, escribo en ellos mejor.

Hoy conocí la palabra euclídeo, y me apetece decir que a estos espacios ella no les pertenece. A lo mejor así se les entiende mejor. O son euclídeos y algo más, porque no carecen de ninguna de las dimensiones de aquél, pero tienen otra. Aurática. Fronteriza porque les intuyo (no sé muy bien con qué sentido) unos límites repasados, ennegrecidos, que les escinden de los de mi prisa y mi difuminado corrientes. Una dimensión como la que a ratos quiero que tenga el a partir del instante de la muerte (escribí instante por hábito y soberbia, pero confieso desconocer crónica alguna de la muerte, y creo que me arrepiento de haber dicho instante (y descubro, inmediatamente, que uso el verbo decir para referirme a lo que escribo: a lo mejor porque hoy estas palabras, de lo cómodamente que las voy escribiendo, suenan más que trazan)). Una dimensión mortuoria. Mejor: etérnica. Porque estos espacios los comparten dos tipos de existencia. Los comparten sin mezclarse con homogeneidad, como si mirando hacia adelante se me dejase ver esas dos existencias superpuestas y pedazos de una destacasen sobre pedazos de la otra para que luego pueda pasar lo mismo a la inversa […]”

 

 

 

 

 

 

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